El Pentáculo de la Felicidad
Blog · 29 de junio de 2026

Por qué la estrategia de «ir sin más hacia tu sueño» no trae felicidad

Por qué la estrategia de «ir sin más hacia tu sueño» no trae felicidad

Hice el juego «El Pentáculo de la Felicidad» para dar la vuelta a las ideas establecidas sobre la felicidad. O más bien, para devolverlas a la normalidad, porque en nuestra civilización todo está puesto patas arriba. Vivimos en un mundo global donde el mercado se ha vuelto, desde hace tiempo, muy especializado y de nicho. Los negocios nos exigen una especialización estrecha —ya sea en ingeniería, ciencia o gestión— y nosotros trasladamos sin sentido crítico los estándares laborales a todo el resto de la vida.

Si quieres ser feliz, nos dicen, ve hacia tu sueño. Relega todo lo demás a un segundo plano y ve hacia tu sueño, alcánzalo cueste lo que cueste, y entonces serás feliz. Sueño, sueño, sueño. Yo creo que es un disparate. Un sueño abarca una, como mucho dos áreas de la vida de una persona. El dinero, la fama, la realización, los abdominales marcados, un coche nuevo: todo eso está muy bien, pero no es toda la vida. Y mientras alguien, olvidándose de todo, avanza hacia una única meta fijada, el resto de sus facetas humanas se congelan.

Van Gogh redujo el mundo a sus cuadros y se convirtió en uno de los pintores más famosos del mundo. Póstumamente. Y no se puede decir que su biografía fuera tan feliz, ¿verdad? O el «club de los 27»: su música se quedó en nuestros corazones y en la historia de la humanidad, pero una persona feliz no termina su vida a los 27 años. Como tampoco muere por exceso de trabajo en plena oficina: saludos al «síndrome de karoshi».

Mi padre murió de un infarto a los 51 años. Era un motero respetado, un amigo fiel y un camarada para su hermandad motera. En ese sentido cumplió su sueño más anhelado: encontró a su gente, con la que se sentía bien. Pero a papá nunca le alcanzaba el tiempo para ocuparse de su salud. No se quería a sí mismo y lo compensaba con el amor hacia los demás, y… no funcionó.

Pero no quiero asustarte: ¡mucha gente se las arregla para vivir una vida asombrosamente larga, aunque infeliz! Incluso encuentran en esa constancia una especie de consuelo particular. Empecé mi carrera en el sector bancario y vi allí una cantidad increíble de personas ya mayores cuya vida se había detenido en la desesperanza y en la espera de la jubilación. No sé qué idea las retenía allí, pero yo mismo huí del banco muy rápido.

No creo en la historia de la obsesión maníaca por una idea como fuente de felicidad. Que Moby Dick siga navegando tranquilo entre las olas. Yo creo en el equilibrio. Creo que, si llenas cada área de la vida, como recompensa obtendrás suficiente tiempo, energía, ideas y confianza en ti mismo para conducirte hacia tu propia felicidad.

La forma más sencilla de entender y sentir mi idea es a través de un juego simple: comparar las estrategias de desarrollo gradual, de hiperenfoque y de sacrificio, encontrar la tuya óptima y aguantar el mayor tiempo posible cuidándote. Y luego hacer lo mismo con tu propia vida. ¡Suerte!